Por Anita Jirón P.
Gerenta General de HR Burô
La automatización y la inteligencia artificial están transformando la manera en que trabajamos. Para las organizaciones, el desafío no pasa solo por hacer más eficientes sus procesos, sino por decidir cómo aprovechar el tiempo y la productividad que la tecnología permite liberar.
Chile es una economía especialmente expuesta a este escenario. Según el último Informe de Política Monetaria (IPoM) del Banco Central, nuestro país se encuentra entre los miembros de la OCDE con mayor proporción de tareas laborales susceptibles de ser automatizadas.
Frente a este contexto, es natural que buena parte de la conversación se concentre en cuántas tareas podrán asumir la tecnología y la inteligencia artificial. Sin embargo, hay otra pregunta que puede resultar aún más relevante para las organizaciones: ¿Qué harán con el tiempo y la productividad que esa automatización libere?
De la eficiencia a nuevas capacidades
Gartner, en su análisis sobre las transformaciones que están dando forma al futuro del trabajo, plantea una advertencia interesante: hacia 2027, el 75% de las organizaciones que prioricen convertir las ganancias de productividad de la IA en ahorro de costos serán superadas por aquellas que las reinviertan en innovación, modernización y desarrollo de nuevas capacidades.
Si gracias a la automatización una persona puede realizar en dos horas un trabajo que antes requería cinco, esas tres horas pueden entenderse exclusivamente como un ahorro de recursos. Pero también pueden abrir una oportunidad para otras tareas de mayor valor que podría asumir esa persona.
Ese tiempo puede traducirse en más contacto con clientes, análisis de mayor profundidad, nuevos proyectos, innovación, aprendizaje o incluso en abordar problemas y oportunidades que antes quedaban postergados por falta de tiempo.
Automatizar también implica rediseñar el trabajo
Esto no significa desconocer el impacto que la automatización tendrá sobre las estructuras organizacionales. Es probable que algunas funciones se transformen, que ciertas tareas desaparezcan y que las dotaciones también experimenten cambios.
Sin embargo, reducir costos y rediseñar el trabajo son estrategias diferentes.
La segunda supone mirar más allá de la eficiencia inmediata y preguntarse cómo la tecnología puede complementar las capacidades de las personas, qué nuevos roles serán necesarios y dónde podrán concentrarse los equipos cuando parte de su trabajo actual sea asumido por herramientas automatizadas.
Para quienes lideran organizaciones, esto plantea un desafío que va más allá de incorporar tecnología: implica anticipar qué capacidades necesitará el negocio y cómo preparar a los equipos para desarrollarlas.
Convertir el tiempo en una nueva fuente de valor
En un país particularmente expuesto a la automatización, la ventaja puede no estar necesariamente en quién consiga automatizar más rápido, sino en quién sea capaz de transformar el tiempo y la productividad que libera la tecnología en una nueva fuente de valor.
Por eso, la conversación sobre automatización y futuro del trabajo no debería limitarse a preguntarnos cuántas personas necesitaremos mañana.
También deberíamos preguntarnos qué queremos que nuestras personas sean capaces de hacer con aquello que la tecnología les permita dejar de hacer.
